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Somos la especie exagerada


(instructivas paradojas sobre nuestra sociedad en la que el modo de producción dominante es el capitalista)



Aquel gran psuquero y mejor persona que fue Manuel Sacristán decía que “somos la especie exagerada”, ¡y cuánta razón tenía!.

Somos excesivos y “así nos va”: somos una especie que consigue grandes logros y enormes maravillas, y una vez alcanzadas no sabemos qué hacer con ellas y se ponen en contra nuestra.

Esta maldición bíblica se da en las cuatro estructuras de la sociedad: veámoslo


Por ejemplo, hemos alargado la vida de la gente (¡gran logro, magnífico y estupendo!),

· y entonces resulta que no sabemos qué hacer con los viejos, y retrasamos la jubilación, y nos acojona el sistema de pensiones,

· y entonces resulta otra gran paradoja macro y micro. Macro: retrasamos la edad de jubilación (para no gastar dinero público en los viejos). Micro: y las empresas privadas no quieren viejos (porque son menos productivos).


Y llevamos a los niños a la guardería y a los viejos a la residencia,

· y entonces resulta que nos compramos un perro para no estar solos.


Inventamos la máquina (oh la la, las máquinas y los robots y la IA: qué gran cosa!!!!) y nos podemos ahorrar el trabajo más pesado y podemos trabajar todos trabajando menos tiempo,

· Y entonces resulta que trabajamos no todos, y trabajamos mucho tiempo con miedo al paro y asustados por si nos quitan el trabajo

· Y entonces también resulta que se nos pone de manifiesto nuestra vulnerabilidad: el día en que el sistema se cuelga o que sufrimos un ataque informático nos quedamos a cuadros y con cara de idiotas.


Y producimos cada vez más y consumimos cada vez más (bueno, es al revés, consumimos cada vez más y por tanto producimos cada vez más). Y queremos ganar cada vez más

· Y entonces resulta que unos iluminados nos dicen que nos estamos cargando el planeta y que esto va a acabar muy mal

· (y también resulta que hemos conseguido una deliciosa cuadratura del círculo con ese espléndido oxímoron que es el consumo sostenible, ¡caray!).


Y una parte de la especie inventamos la democracia “formal” (y la pretendemos exportar a la otra parte de la especie, a todo el mundo mundial),

· Y entonces resulta que tal democracia (demos-cratos: poder del pueblo) es falsa porque el pueblo no manda, y es lenta e ineficiente, y es tanto o más corrupta, y es tanto o más clientelar, y finalmente se resume en acabar votando a quien mejor nos dará por saco durante cuatro años

(antes los antidemócratas lo eran porque tenían miedo de que con el voto universal votaría la clase obrera y ganarían a los partidos revolucionarios... ¡vaya por Dios!; ahora los antidemócratas lo son sencillamente porque la democracia es ineficiente y corrupta).


Inventamos la libertad y la pretendemos exportar todo al mundo mundial (una parte inventamos la libertad y la pretendemos exportar a la otra parte de la especie, a todo en el mundo mundial),

· Y entonces resulta que nuestra libertad no existe ni aquí en nuestra parte, y que a las otras partes del mundo tampoco les interesa (de modo que no nos queda más remedio que ir a invadirlos y matarlos a todos hasta el último ucraniano, y una vez muertos es cuando les podemos regalar la gran antorcha de la libertad).


Inventamos un estilo de vida (una cultura) secularizada y sin el peso opresivo de las religiones y nos dotamos de unos sistemas de comunicación potentísimos,

· Y entonces resulta que tenemos mucha información y escasa comunicación, y con redes o sin ellas estamos más solos que la una.


Paradojas, no contradicciones

Una paradoja es una contradicción aparente, por tanto todo esto no es contradictorio.

No es contradictorio porque son clarísimos indicadores (paradójicos, si se quiere) de una doble contradicción, que ésta sí que es contradictoria.


Las contradicciones de verdad

Por un lado la contradicción entre nuestra especie y el planeta tierra (¡toma ya!): ésta es la contradicción fundamental (o estratégica)

Por otro lado (ojo!): la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción (Marx Carlos, no Groucho): ésta es la contradicción complementaria (o táctica) l


la contradicción entre nuestra especie y el planeta tierra: lo que nos ha permitido vivir será lo que nos acabará matando.


Nuestra especie ha sobrevivido gracias a que hemos sido capaces de transformar/depredar el planeta (minerales, plantas y otros animales) y nuestra historia es la historia de una creciente e imparable transformación/depredación de todo lo que existe en el planeta tierra: cada avance nuestro es un retroceso del resto.

Hemos sido y somos unos depredadores cada vez más eficaces (no eficientes) y así hemos podido sobrevivir.

Y no lo podemos evitarlo: sobrevivimos gracias a que depredamos. Va escrito en la misma naturaleza de las cosas: estamos ensanchando nuestros límites a expensas de los demás límites.

Hasta que en la tierra no quede nada para nosotros y nos expulse y desaparezcamos.

En el bien entendido (¡buen consuelo!) que el “tempo” colectivo es muy diferente del “tempo” individual, por tanto no se mide en años sino en siglos y milenios... ahora bien:


la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción


Ahora bien, nuestra organización social puede acelerar o retrasar la contradicción principal.

Y parece que la estamos acelerando.


Porque los diversos, variados e incluso contradictorios poderes económicos que configuran la clase dominante a escala mundial imponen un modelo de sociedad donde la variable fundamental es la ganancia individual (que, por definición, siempre es a corto plazo).

Y ganancia individual significa crecimiento imparable a expensas del resto de habitantes del planeta: más consumo y más producción, y más destrucción de recursos naturales y de los habitados de las otras especies, etc. etc.

Y como esto se hace compitiendo (es la “libre competencia”) no hay freno posible porque siempre se trata de ganar más que los competidores.


El Modo de producción capitalista, hegemónico en nuestras sociedades, es individualista e individualizador, interesado sólo en el crecimiento de la ganancia, y por tanto acelerador de la destrucción.

Por tanto, se entiende la paradoja de que todos los hitos y maravillas que conseguimos se vuelvan en contra nuestra.


Por poner alguno de los ejemplos de antes: No sabemos qué hacer con los viejos porque son sólo un coste y no una ganancia. Y el dinero público tiene preferencias privadas (armas que engordan el complejo militar industrial, subvenciones a la industria privada, y -poniéndonos demagógicos- los tejemanejes del sobrino del rey en Dubai). Y es mucho más rentable hacer trabajar a gente acojonada y con miedo al paro (y por tanto menos reivindicativa). E impulsamos la economía depredadora del turismo y el consumo individual (con todos los costes sociales y medioambientales que conllevan).

Es decir que preferimos la ganancia individual a la ganancia/bienestar colectivo


Nuestra organización social, pues, está exageradamente centrada en la ganancia individual y es exageradamente depredadora del planeta y por tanto nos hace avanzar exageradamente hacia el colapso.

Y así nos va.

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